Tu salud no es negociable

¿Te gusta cocinar?

Las veces que me han preguntado si me gusta cocinar, me he quedado desconcertada, sin saber qué responder. Y es que en mi mente, la posibilidad de cuestionarme cocinar es casi tan baja como la de cuestionarme vestirme cuando me levanto, o ducharme antes de ir a dormir. Aunque siempre puede haber alguna excepción en un día libre de flojera o mucho cansancio, la mayoría de los días, me visto y me baño (aunque no en ese orden, jaja). Y nunca me pregunté si me gusta vestirme o ducharme :D.

Mi punto es que toda la vida asumimos sin cuestionamiento tareas simples y automatizadas, que conforman nuestra rutina diaria. Pero por alguna razón creemos que encargarnos de nuestra propia alimentación es opcional.

¿Cocinar lleva mucho tiempo?

Lo que es opcional es hacer recetas megaelaboradas. Ahí sí ya entra en juego el matiz de hacerlo por placer, por hobby. Durante mucho tiempo elaboré recetas complejas que me llevaban horas, pero con los años y el conocimiento, cada vez me he vuelto más práctica y prefiero resolver de manera rápida y eficiente.

¡Créanme!: no es necesario vivir en la cocina para poder empoderase de la alimentación. Solo es preciso entender un poco las características y funciones de los distintos grupos de alimentos. Con esa base podemos armarnos de un repertorio – aunque sea reducido- de formas posibles de elaborar comidas. Luego vamos introduciendo variantes sobre las mismas recetas, para tener una alimentación completa sin perder horas de vida en el proceso.

Puede que ahora mismo, cocinar te parezca una hazaña imposible. Pero integrar la cocina a la rutina es una cuestión de hábitos, y como cualquier hábito, se entrena y se adquiere. Al principio es necesaria cierta repetición consciente y constante, hasta que finalmente se incorpora. En alemán hay un dicho: «Übung macht den Meister» («La práctica hace al maestro») – nada más cierto-.

¿Qué cambia si comemos afuera?

Además, al cocinar nuestra propia comida, estamos en absoluto control de la calidad, no solo de los ingredientes, sino de los procesos y hasta de la manipulación de esos alimentos. Por ejemplo, la fruta comienza a oxidarse desde el momento en que se corta (por eso, y por la combinación de ácido- dulce, la ensalada de frutas es una muy mala idea). La comida también se oxida más rápido si se guarda en una olla en la heladera (nevera). Además cuando comemos afuera, muchas veces es comida que estuvo varias horas o incluso días antes de ser consumida – en el Ayurveda se dice que la comida, al pasar los días, pierde su energía vital-. Estos son cuidados que solamente podemos controlar si aprendemos a cocinar y manipular los alimentos.

¿Por qué dejaríamos nuestra salud en manos ajenas?

¿Y para qué querríamos tomar tantos cuidados? Simple: porque se trata de nuestra salud. Y la salud no es negociable: La comida que nos llevamos a la boca va a nuestro estómago, donde se digiere y luego se asimila en nuestro flujo sanguíneo. Nuestra sangre es quien crea nuestras células, nuestros tejidos, órganos, piel, pelo, cerebro, e incluso nuestros pensamientos y emociones. Somos, básicamente, comida andante, por lo que aprender a cocinar alimentos de buena calidad, integrales, con abundantes frutas y verduras, libres de químicos, hace la diferencia.

De todas las cosas sobre las que podemos tener control en nuestra salud, la alimentación es una de ellas. Cuando cocinamos, nos hacemos cargo, retomamos ese poder que nos pertenece; decidimos qué comer, de qué calidad y forma.

Cocinar es activismo.

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