¿Te enfocás en lo que importa?

¿Te pasó esto alguna vez?

Te propusiste hacer un cambio, te entusiasmaste, fuiste al mercado y te compraste todo tipo de productos naturales que no sabías ni cómo preparar. Gastaste un montón de plata, pero todo el  esfuerzo se fue por la borda cuando, al día siguiente, te diste cuenta de que ibas a tardar años aprendiendo a elaborar todo eso. Finalmente te desmotivaste y pensaste que comer bien es muy complicado.

Hoy te voy a contar la clave para hacer cambios verdaderos, ¡ y sostenerlos a largo plazo!

Si sos como yo, querés hacer los cambios de la noche a la mañana, y que al cambiar ya quede todo resuelto y te hayas adaptado. Ansiedad, se llama, jeje. Puede ser que en algunos ámbitos de tu vida te resulte bien, y que con la alimentación te esté costando. ¿Por qué? Porque la comida es mucho más que lo que nos llevamos a la boca, su sabor, o incluso sus propiedades nutricionales. La dificultad más grande en el cambio de alimentación es de origen emocional. Y el peor obstáculo es nuestra mente. 

El todo o nada no ayuda

Te propongo, primero que nada, que te trates con cariño. Cada persona está en su propio viaje de aprendizaje, así que de nada sirve martirizarse ni autocriticarse, y mucho menos usarlo de pretexto para desistir de hacer algo positivo por nuestra salud. Porque no hay tal cosa como desistir de nuestra propia vida. Todos los animales, humanos y no humanos, nos parecemos en que queremos tener una vida agradable y evitar el dolor, y esto nos pasa de forma instintiva y constante. Entonces dejemos de luchar contra nuestra propia naturaleza que quiere estar bien, y no nos mintamos diciendo que debemos desistir. Esto solo nos sigue distrayendo de nuestro foco. 

No importa cuántas veces “nos caigamos. La vida se trata, más bien, de hacer elecciones a cada minuto. Y al final, lo único que va a contar es lo que hayamos hecho la mayor parte de las veces. Cada día, en cada comida de nuestras vidas, estamos tomando una decisión. Como el exfumador que dice “solo por hoy no fumaré”, debemos mantenernos en el momento presente con nuestras metas. Si así lo hacemos, las chances de que la próxima vez tomemos una buena decisión, aumentan. 

Nuestro enfoque no debe ser perseguir la perfección, sino estar haciendo algo sensato, genuino y real. Y seremos reales en la medida en que sea nuestro corazón quien está guiando el cambio. ¿Cuánto queremos cambiar? Si no hay duda, no hay temor de que no suceda. Tampoco la idea de que hay algo por empezar o algo por dejar de hacer. Cada comida es un nuevo comienzo.

Por experiencia propia afirmo que la idea radical del “todo o nada” resulta en que cada vez que consideramos que fallamos o que nos salimos del camino correcto, abandonamos drásticamente nuestros esfuerzos. Enseguida nos vamos al extremo opuesto y nos comemos todo. Y así seguimos oscilando infinitamente entre estos ciclos, sin avanzar hacia donde íbamos en un principio.

¿Qué vas a introducir de bueno hoy?

Te comparto un consejo que aprendí en el Instituto de Nutrición Integrativa, y es el de “crowd out”: en vez de poner nuestro foco en todo lo que tenemos que dejar de comer -que ya es bastante angustiante-, nos concentramos en introducir alimentos o preparaciones concretas, y una vez incorporado lo anterior, vamos por el siguiente objetivo -baby steps-.

No importa si después de un desayuno delicioso y nutritivo de avena y fruta, no tuviste tiempo de organizarte para la próxima comida y comiste algo que te alejó de tu objetivo. O si después de elegir bien tus comidas unos días, te dio ansiedad y terminaste comiendo cualquier porquería sin pensar. Lo que importa es que en la próxima comida podés volver a decidir.

Hay un concepto que siempre usa el ultramaratonista vegano, podcaster megainteligente, Rich Roll: “Keep showing up!”, presentate a tus compromisos, aunque a veces lo hagas con cansancio o torpeza, lo que hace la diferencia es que lo hagas la mayoría de las veces. Y de paso cada vez lo vas a ir haciendo mejor y con menos esfuerzo ☺️. Cualquier cambio de vida requiere constancia. Y la constancia es nada menos que la suma de todos los pequeños intentos, de todas las veces que mantuvimos ese contacto con nuestro objetivo.

Entonces preguntate: ¿qué vas a introducir de bueno en tu alimentación hoy?

Puede ser algo relacionado con la planificación en la rutina, como por ejemplo: “Hoy voy a dejar en remojo los porotos (fríjol, caraotas, feijão)”. Podés ponerte recordatorios y practicarlo la mayor cantidad de veces posible. Otro ejemplo puede estar relacionado con el objetivo de empezar a consumir determinado alimento: “Hoy voy a introducir el mijo”. De a poco, y en cada oportunidad, buscás recetas, las probás y te quedás con las que más te gustaron o te parecieron más prácticas. Y con esta idea en mente, podés ir introduciendo todo tipo de cambios. 

Para tener una vida plantástica, lo que importa es lo que hagas en este momento 😉.

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