No tengas miedo de pedir opción vegana

Hablemos de cómo cada vez está más normalizado que haya personas con diversas formas de alimentación.

Berlín y el sueño vegano imposible de los años 2000

Corría el año 2009 y me fui a Berlín a hacer un curso. Solo conocía la realidad vegana de mi país: Uruguay era y sigue siendo un país ganadero, cuyas comidas típicas son a base de carne y lácteos.

Así que en los 2000, si se pretendía comer en la calle, lo único vegano que se encontraba era: papas fritas, fainá -masa finita de harina de garbanzo- o pizza común. Sí, en Uruguay se come pizza muzzarella, pero también hay en todos los bares fainá y pizza común, que sería como la marinara italiana: masa y salsa.

Y lo dulce que se conseguía eran unas galletas brasileras, que como estaban hechas con aceite hidrogenado y otros venenos para abaratar, de casualidad también eran veganas -y cuanto más berretas, más veganas eran, jaja-.

En conclusión, de esas escasas tres opciones callejeras pasé a conocer en ese viaje un montón de restaurantes 100% veganos -sí, ya en esa época-, cafés con pastelería, locales bio que vendían todo tipo de productos más o menos procesados veganos, incluyendo quesos y fiambres plantbased.

Recuerdos de una pochivegan en el primer mundo

Berlín, año 2009

Tuvieron que pasar unos 7 años más para que se fundara el primer restaurante vegano de Montevideo y Uruguay: La Papa.

Conseguir productos veganos procesados o comida rápida en la calle -e incluso en supermercados- es algo que está sucediendo recién hace menos de cinco años.

Cuando no hay opción vegana, toca cocinar

De alguna forma me alegra haber pasado mis primeros años de este camino en un mundo en el que no tenía otra opción que elaborar mis alimentos, porque por más que quisiera comerme un alfajor o cualquier otra chatarra con azúcar, no la iba a encontrar en ningún lado.

Hoy se puede comprar prácticamente todo -y más- en versión vegana. Quien esté comenzando tiene, por un lado, esa facilidad, que seguro le salva comidas más de una vez. Por otra parte existe el riesgo de terminar comiendo demasiada chatarra.

«Vegano» no significa «sano»

Por si alguna persona distraída creyó que «vegano» era sinónimo de «sano»: no, no lo es para nada. Claro está que siempre será menos nociva la versión vegana de comidas típicas, ya que la proteína animal acidifica el organismo y le aporta un factor extra de riesgo a la salud. Pero eso no significa que por ser vegano sea inherentemente saludable.

Una torta vegana puede estar hecha con harina blanca o harina integral, azúcar refinada o edulcorantes, o azúcar mascabo, aceites vegetales de mala calidad como de girasol, o aceites menos malos, como de arroz. Es decir: lo saludable depende de la calidad de los ingredientes que se usaron y no de que sean veganos.

Obviamente que existe un espectro en cuanto a lo saludable; no todo es blanco o negro. Si yo cocino para mí y para mi hija, intento prácticamente no usar aceite, ni siquiera de buena calidad, ya que considero que no es necesario agregar esa cantidad extra de grasa procesada -yo cocino hasta panqueques y fainá sin nada de aceite-. Prefiero consumir la grasa de otras fuentes más integrales, como nueces y semillas. Sin embargo, soy consciente de que el aceite le agrega a la comida una consistencia y hasta un sabor muy diferente a cuando no está presente. Entonces si cocino para otras personas, por lo general, lo agrego. Porque sé que va a quedar un poco más gustoso, y sigue siendo más saludable que si estuviese hecho con aceite de girasol o de soja, o peor aun, con la grasa saturada de la manteca, que encima trae toda la carga hormonal del animal.

Aun falta mucho por recorrer

Como se desprende de todo lo anterior, en estos últimos años ha habido una evolución tremenda en la oferta de productos veganos, tanto en Uruguay como en muchas partes del mundo. Y esto se debe, principalmente, a que cada vez más gente está dando el paso, algunas personas, por moda, pero muchas también por conciencia.

Sin embargo, aun existen baches y falta de empatía en algunos ámbitos con respecto a las personas veganas.

Cualquier persona que paga por una comida, quiere comer gustoso y quedar saciada

Entonces, parándonos sobre la base de todo el camino recorrido, e identificando las carencias en los productos y servicios relativos al veganismo, expresemos la necesidad cuando sea necesario.

Por ejemplo, el fin de semana pasado participé con mi hija en un trekking por las sierras de Maldonado. Fuimos con un grupo organizado con tres guías muy cracks y vivimos una aventura hermosa. Era una jornada de unas 10 horas e incluía una merienda. Entonces cuando me comuniqué con uno de los guías para reservar mi lugar y el de Ina, le avisé que nosotras éramos veganas. Su respuesta fue positiva pero me dijo algo de una leche vegana, así que me adelanté a plantearle que esperaba una merienda completa -como cualquier otra persona que pagara la actividad-, frente a lo cual enseguida se puso en campaña y al final nos llevaron una porción de torta de manzana y un muffin para cada una. Me da mucha ternura ver cuando hay empatía hacia las personas que comen diferente <3

Mi punto es que cuantas más personas expresemos nuestro derecho a ser consideradas, más se naturaliza, y más se nos va a tomar en cuenta en los productos y servicios. No tengamos miedo de pedir opción vegana.

En algunos lugares ya se da por sentado que las personas pueden tener necesidades diferentes y se ofrece a priori una opción. Pero si no es el caso, hay que pedirla.

Ya pasó de moda la opción «chivito vegano» de hace diez años, que era como el chivito -churrasco o filete al pan con alguna cosa más- pero sustituían la carne por una mísera tira de berenjena. Si el lugar de comida era bueno, el pan era ciabatta y la berenjena estaba bien cocinada.

Pero si esa persona no vegana que ofrecía el chivito vegan se hubiera preguntado honestamente por un momento si ella misma se hubiese saciado o quedado satisfecha con un pan relleno de berenjena, lechuga y tomate, se hubiese dado cuenta enseguida de que no era una opción completa lo que estaba ofreciendo.

Ese concepto triste de chivito vegano de hace diez años, estaba bien en esa época, porque la falta de conciencia era generalizada. Pero con la perspectiva de ahora, en la que escuchamos la palabra «vegano» tan a menudo, seguir ofreciendo ese formato de chivito vegano es un atraso. Y me sigo remitiendo a este ejemplo porque justamente hace poco vi que en un bar lo ofrecían.

Pero lo que digo aplica a todo: antes había poco conocimiento y pocos recursos, por lo que se valoraba mucho cuando aparecían opciones, por más incompletas que fueran. Sin embargo, ahora hay opciones veganas por todos lados. Cuando aumenta la demanda, aumenta la oferta, pero también tienen que aumentar las expectativas y la exigencia en cuanto a la calidad de esos productos y servicios.

Toda persona que paga por un producto o servicio quiere ser tomada con seriedad y recibir algo acorde a lo que está pagando. Cualquier persona que paga por una comida, quiere comer gustoso y quedar saciada. Entonces no tengamos miedo de expresarlo, mucho menos cuando estamos pagando por un producto o servicio.

Con la familia y amistades es otra historia

Otro gran tema es la falta de empatía hacia las personas veganas, no ya en el mercado vegano, sino en el ámbito social. Es decir: con familia y amistades. Aquí también tenemos que ir acostumbrando a las personas a nuestro, y nos encontramos con algunas más empáticas que otras. Pero este tema del veganismo en la familia y con el entorno social es enorme, y necesitaría un post completo dedicado a el.

Sin embargo, el esfuerzo que debemos hacer es similar al descrito en los párrafos anteriores. Así como en el mercado debemos generar la demanda -porque obviamente nadie pone una opción vegana en la carta por empatía sino por lucro, para cubrir una demanda que ya existe-, en los ámbitos sociales debemos educar, lo que al final conducirá a una mayor empatía.

Gracias por leerme hasta acá. Que tengas un días plantástico 🌱.

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