El pan no es comida

Si lo pensaste: tenías razón

«Un fainá no es comida.» «Con un pan no me lleno»; he escuchado esta respuesta al sugerir estas preparaciones como prácticas. Y es que a veces veo que las personas se complican con la alimentación y son capaces de quedarse horas sin comer antes de comer algo que según ellos, no es comida con todas las letras.

Y es que muchas personas necesitan comer un plato de comida caliente o «contundente», como, por ejemplo -y según la cultura-, un plato de porotos. Solo así pueden sentir que realmente comieron. Todo lo que no entra en esa categoría, es para ellos un simple snack.

Y pensándolo bien: la verdad es que yo tendría la misma respuesta si alguien me ofrece resolver una comida con un pan blanco de molde superprocesado o un fainá de bolsa de súper. En Uruguay se consume bastante el fainá, y el que venden en cualquier supermercado, siempre está mezclado con harina blanca.

Quién no ama el pan.

Creo que la mayoría de las culturas tenemos una especie de pan típico: pan de trigo, arepas, tortillas de maíz, de mandioca (tapioca).

Y es una idea genial porque es práctico, no ensucia, se puede comer discretamente en cualquier lado porque no huele, no chorrea. En fin: es cómodo de comer. Por cierto: todos los alimentos nombrados anteriormente son altos en carbohidratos, razón por la cual también son tan irresistibles.

El problema es que muchas veces -y sobre todo con los productos de trigo-, el pan es refinado (de harina blanca). La harina refinada no alimenta. No tiene fibra. Necesitamos fibra, tanto para la salud intestinal como para suavizar el proceso de absorción de azúcar en sangre, que nos provoca comer carbohidratos.

Si además mezclamos ese producto carente con grasas de mala calidad: ¡bum! ¡Adicción garantizada! ¿Quién no lo ha vivido…?

Pero se puede comer carbohidratos de forma saludable. Se puede comer otros tipos de pan.

Puede ser nutritivo y práctico

Imaginate que tenés un día ocupado, en el que salís de tu casa temprano y vas a andar de acá para allá con poco tiempo para sentarte a comer.

Comer una comida completa en la calle es una tarea bastante desafiante, por la poca oferta de productos saludables y los precios. Si a estas desventajas se le suma la idea de que es preciso comer de una cierta forma para considerar que realmente se comió, entonces las opciones se restringen aun más. Algunas personas prefieren pasar el día sin comer antes de comer algo que para ellas «no es comida»…

Preparar un guiso de garbanzos lleva bastante tiempo. Y más si nos faltó la organización previa de dejar las legumbres en remojo.

Por otra parte, cocinar un fainá es algo que se puede hacer rápidamente.

¿Te diste cuenta de que ambas comidas son a base de garbanzo? ¿Entonces por qué pensaste que el plato de garbanzos era una comida completa, y el fainá era solo un tentempié para engañar el hambre?

Todo de depende de cómo lo prepares

En la alimentación, todo depende de la calidad de los ingredientes y procesos. La idea es lograr compactar la mayor cantidad de nutrientes en una comida sencilla.

Teniendo esto en mente, podemos utilizar como base la idea genial de preparar y comer un pancito.

Tanto el guiso de garbanzos como el finá pueden ser más o menos nutritivos, dependiendo de los ingredientes y los procesos. Si hacés el fainá 100% de harina de garbanzo (no con el fainá de bolsa que venden en el supermercado, que está mezclado con harina de trigo), te asegurás que estás haciendo un fainá de verdad. Si además cuando lo licuás con agua, le agregás vegetales que le aporten una nutrición extra, como espinaca, zapallito, remolacha, entonces estás haciendo un superalimento, presentado bajo la modesta apariencia de un fainá. Es más fácil, más rápido y más realista para rutinas atareadas, que hacer un guiso de garbanzos.

Mis preparaciones de cabecera para salir de apuros en el día a día son crepes, panes, fainás, dips, croquetas. Es decir: todo lo que se pueda preparar echando ingredientes en la licuadora para ya al horno o la sartén. Te sorprendería ver las preparaciones deliciosas que podés lograr solamente licuando ingredientes y sin tener ni que pelar una cebolla. Solamente es necesario pensar en los grupos de alimentos que queremos consumir, y luego jugar con las combinaciones de nutrientes, sabores y texturas.

Otro ejemplo es una quinoa cocida con vegetales versus un pan de quinoa al que le untemos un dip nutritivo, como el dip de girasol y le pongamos algún vegetal por encima, como pepino o rabanitos. La segunda opción puede ser igual o incluso más nutritiva que la primera. y es fácil de comer si no estás en tu casa.

¿Querés comer arroz con vegetales pero vas a andar en la calle? Licuá el arroz con algún vegetal y un poco de harina de garbanzo, y hacé unas tortillitas en la sartén.

En conclusión: romper la barrera mental

Como ves, la creencia de que un pedazo de pan no puede ser una comida de verdad, es relativa. Para romper la barrera mental de que la comida debe estar presentada de una sola forma para nutrir, es preciso entender los grupos de alimentos y sus funciones -te invito a leer mi post en el que profundizo en este tema-.

Se puede utilizar los mismos alimentos que contiene aquel plato que sí consideramos comida, y prepararlos de una forma más práctica, que sea compatible con las necesidades de un estilo de vida ajetreado.

Entonces te propongo primero pensar en qué alimento querés consumir como base en tu comida, y pensar de qué forma práctica lo podés versionar para llevar a todos lados. Tengo la certeza de que, con el tiempo, tu concepto de lo que es una comida va a cambiar radicalmente 😉.

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