De cómo el pensamiento pragmático me ayuda a mantenerme vegan

Es discriminatorio excluir a quien come diferente

Sé que soy muy pragmática y racional, y soy consciente de que estas características me facilitan mucho la toma de decisiones sobre mi estilo de vida.

Me refiero a que siempre he priorizado mis decisiones personales de vida sobre las opiniones ajenas. 

No me enredo en situaciones sociales hostiles en las que se me cuestionen mis decisiones de vida o se me discrimine.

Entiendo que si alguien me invita a su casa, es porque quiere que yo vaya. Y no es ningún secreto que un buen anfitrión va a procurar que sus invitados se sientan a gusto, tenidos en cuenta, no excluidos. 

Porque, sí: invitar a una persona vegana a tu reunión y no procurar que esté resuelta su comida como la de todos los otros invitados, no solo es descortés, sino que es discriminatorio. Porque se está excluyendo a una persona por el hecho de comer diferente. Y no nos mintamos: la comida es parte fundamental en cualquier reunión social, y en algunos lugares, como en Uruguay, la situación -bastante extrema- de juntarse a comer un asado es moneda corriente. Así que si el anfitrión no se toma ese momentito extra para pensar cómo hacer sentir a su persona vegana invitada lo menos excluida posible, la exclusión es la consecuencia inevitable. 

No decidir también es decidir

No decidir también es decidir. Quien hace caso omiso al bullying, es cómplice. Quien no incluye activamente a las minorías, las excluye. Si quien invita a su casa, que es quien tiene el “poder” en una situación social, no toma acción, la minoría queda relegada, aislada.

Y como considero mucho más hostil que el que invita no se interese, siquiera, en averiguar cómo puede hacer sentir bien a su invitado, pues tampoco me voy a sentir culpable de rechazar la invitación.

Ser invitada a una comida y que ni se le ocurra pensar en mi alimentación: total red flag de amistad

No crean que no me ha pasado. De hecho, en la actualidad, lamentablemente también me toca enfrentarme alguna que otra vez a este tipo de situaciones. Y digo “lamentablemente” porque me da bastante pereza la gente que no evoluciona: en 2023 ya sabemos que hay personas que comen de manera distinta, y pienso que quien elige seguir siendo indiferente a esta realidad, realmente es porque no tiene ganas de evolucionar, de aggiornarse.

Aclaro que por “evolución” me estoy refiriendo, no a que se hagan veganos, sino a que reconozcan que existen muchísimas formas de alimentación, y que si se quiere hacer sentir incluidas a todas las personas invitadas a una comida, pues se debe considerar esto. Y que alguien haga una comida en su casa, invite a una persona vegana y no le preocupe incluirla realmente en esa comida, solo demuestra que no ha tenido interés en actualizarse.

Pero, peor aun: no tiene ganas de pensar en la otra persona. Y esto, para mí, en una amistad, por ejemplo, es un 🚩. Así que en ese caso refuerzo mi teoría de que si alguien me invita y realmente quiere que yo esté ahí, va a buscar activamente anticipar la comida. Y si no sabe o no tiene recursos, al menos me va a preguntar por opciones, o me pedirá algún tip. Porque no se trata de saber, se trata de preguntar y mostrar interés por las personas que el anfitrión supuestamente quiere que estén.

La dificultad más grande es emocional y social

Ahora bien, como les contaba al principio, se dice bastante fácil cuando se es una persona tan racional y pragmática como yo. Con este texto no quiero minimizar la importancia de dar pequeños pasos o de intentar fluir de manera amena con el entorno. Solo quiero ayudarte a llevar la atención un poco más al hecho de que la dificultad más grande en el cambio de alimentación es de origen emocional y social,  y el peor obstáculo es nuestra mente. 

Con esto presente, podremos procurar alimentar en nuestra mente una incipiente sensación de poder sobre nuestras propias decisiones. Y así, generar cambios.

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